Es uno de los pocos. Ha accedido a la entrevista si preservamos su anonimato. J.A.F, de 43 años, lleva cocinando más de media vida. Y no va de guay. Ni se corta.

Nos recibe en la cocina de su restaurante, de donde, al entrar nosotros, desaparecen el fregaplatos y el pinche.

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El” cocinero normal” esconde su cara con papel Albal

Su Abuela y su padre eran cocineros, “de los de antes”. “Ellos ponían cosas con nombres normales en las recetas. “Yo me crié entre fogones, cortando cebollas, entre sofrito y sofrito y rehogando sobras”.

En aquel entonces los platos eran de cocina internacional o mallorquina. Punto. Y yo he querido seguir la tradición, asegura. Tortilla, arroz brut, o pijama de postre. “Mientras,  he estado viendo como compañeros de profesión se iban por los derroteros de la “nouvelle cuisine”, “new age cuisine”, “Thai fusión”, ” vegan” “Montuiri power” o el “puto sushi”, dice, entre otras tendencias…”

He recibido presiones para hacerme un Facebook y salir en un show cooking.

“Nunca creí en el Star System de la cocina, y me he mantenido en la linea tradicional mallorquina.

“La cocina  auténtica no deconstruye, ni dinamita, fríe, hierve y mucha plancha. Eso es lo que necesita”. Se declara amante del pan con sobrasada y del postre mallorquín por excelencia “plátano con almendras”.

No cree que decorar su restaurante con las últimas tendencias minimalistas mejore el paladar de sus clientes. Más bien está convencido que lo tradicional es la grasa y el olor a fritura.

“Duermo tranquilo cada noche, sabiendo que no tengo que deconstruir nada ni salir en ninguna revista de diseño”.

Pronto hablará de sus compañeros de profesión y de los precios abusivos por los matahambres que ofrecen con nombre atómico.

¿Mola?