Poner los cuernos “a la balear”, sin que llegue la sangre al río, ya no es pecado. Lo afirma el Obispado de Mallorca, tras la ley del gobierno balear que obliga a una tauromaquia incruenta.

Los católicos de Mallorca están de suerte: no hay inmoralidad ya ni pecado en engañar al esposo ni a la esposa, en sintonía con la ley (aunque al parecer inconstitucional) recién aprobada por el gobierno de izquierdas, que prohíbe las corridas de toro con banderillas, picadores, estoques y sangre derramada, y las reduce a media hora.

“Son cuernos pero de medio pelo”, dice el comunicado.

Si la corrida no excede la media hora, o si la pareja víctima del engaño no derrama como mínimo tres litros de sangre a causa de la traición conyugal, el adulterio ahora será legal, moralmente impecable, como las corridas de toros light que Baleares ha decretado.

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¿Mola?